Cobre, galvanizado y PPR: qué se puede limpiar
El material de la cañería define el método. El cobre, que es lo más común en viviendas construidas desde los años setenta, tolera bien la limpieza química con desincrustante apto para agua potable: la cal se disuelve, se enjuaga y la cañería recupera su diámetro original. El PPR y el PEX, más frecuentes en obras recientes, acumulan menos sarro en las paredes, pero sufren en las uniones, llaves y flexibles.
El fierro galvanizado es otro caso. Se usaba en casas antiguas y edificios viejos, y con las décadas pierde la capa de zinc y se oxida por dentro. El sarro queda atrapado en el óxido y forma una costra dura. Limpiarlo puede recuperar caudal, pero también puede dejar a la vista poros o paredes delgadas que terminan en filtración. Por eso, antes de tratar un tramo galvanizado, desarmamos una unión y te mostramos cómo está por dentro. Si la pared está sana, limpiamos; si no, recomendamos reemplazar por cobre o PPR los tramos que alimentan baño, cocina y calefont.